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Noelia de Trastámara
Miércoles, 11 de abril de 2018
Opinión de Noelia de Trastámara para La Tribuna de Cartagena

El carácter de la mujer íbera: el mito de la Serrana de la Vera

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Tras un tiempo ausente de nuestras páginas regresa a su casa nuestra Noelia de Trastámara. Y no sólo es que Noelia de Trastámara haya estado con nostros desde el principio: es que aquí, en este periódico, se ha hecho grande como la excelente colunista que es. Y no lo hace en su columna habitual; lo hace por la puerta grande, como protagonista de la sección de Opinión en la que sólo escriben las mejores plumas de La Tribuna de Cartagena

[Img #10594]Ya es conocido el carácter de la mujer Íbera. Tenemos grandes ejemplos como Catalina de Aragón, María Pita y hasta la mismísima Isabel la Católica entre otras. Esta vez, cabalgando entre el mito y la realidad, les contaremos acerca de La Serrana de la Vera en Extremadura. Personaje que bien les sirvió para sus obras a grandes autores de nuestra historia como es Lope de Vega o Veléz de Guevara.


En un pueblecito de Cáceres, a pocos kilómetros de Yuste, se encuentra Garganta de la Olla, lugar donde se desarrolla la historia de esta fascinante mujer. Es tanto la fama y el misterio que la rodea, que encontramos una hermosa escultura de la Serrana en la plaza Mayor, donde todos los lugareños recuerdan la historieta que por siglos ha transcurrido hasta llegar a nuestros días.




La Serrana corresponde a una mujer joven, con un encanto que encandilaba a los hombres con gran facilidad, bella, valiente y muy sanguinaria, con apariencia de cazadora o de amazona y de fuerza sobrehumana. Su aspecto físico se caracteriza por llevar el pelo suelto y largo hasta los pies, -aunque en otras versiones lleva la cabellera recogida bajo una montera- viste falda corta y va provista de arcos, flechas y una honda. La vida de esta joven pudo desarrollarse en el siglo XVI. De familia acomodada, cuyo padre era Pedro de Carvajal, aquella muchacha, de nombre Isabel, nunca fue una niña común. La joven era una gran aficionada a la caza en el monte y poseía una gran habilidad y gran fortaleza física a la hora de hacer uso de la ballesta, la honda y otras armas.



De familia acomodada, cuyo padre era Pedro de Carvajal, aquella muchacha, de nombre Isabel, nunca fue una niña común. La joven era una gran aficionada a la caza en el monte y poseía una gran habilidad y gran fortaleza física a la hora de hacer uso de la ballesta, la honda y otras armas.



[Img #10589]Se cuenta que, un buen día, llegó a la villa de Garganta de la Olla un joven y guapo galán de origen noble, sobrino del obispo de Plasencia y primo de la joven, cuyo nombre era Lucas de Carvajal. El padre de Isabel advirtió a su hija y le aconsejó guardar prudencia y abstinencia frente a los cortejos del guapo muchacho, cuyo carácter seductor preocupaba al padre. Pero la joven no escuchó los consejos de su este y pronto cayó enamorada de los encantos de aquel joven que, con su dulzura, delicadeza y hermosas palabras, consiguió enamorar a Isabel. Lucas le ofreció matrimonio y la joven le entregó su corazón enamorado, y su honra, y accedió a las promesas de amor de aquel apuesto hombre. Sin embargo, la desdichada muchacha pronto comprobó que aquellas promesas eran falsas. Preocupado porque el matrimonio pudiera suponer para él el final de su prometedora carrera eclesiástica, Lucas abandonó a su prometida, quedando esta deshonrada y viéndose obligada a abandonar el pueblo para ocultar su pecado, escondiéndose en una cueva en el monte, maldiciendo a todos los hombres y jurando su venganza.




Un escritor de la comarca de la Vera, don Gabriel Azedo de la Berrueza, publicaba en 1667 un libro titulado "Amenidades, florestas y recreos de la provincia de la Vera Alta y Baja, en la Extremadura". En él se recogía por primera vez en romance la historia de aquella fantástica mujer:
"Allá en Garganta la Olla, -en la Vera de Plasencia, salteóme una serrana, -blanca, rubia, ojimorena. Trae el cabello trenzado -debajo de la montera, y porque no le estorbara -muy corta la faldamenta. Entre los montes andaba -de una en otra ribera, con una honda en sus manos -y en sus hombros una flecha. Tomárame por la mano -y me llevara a su cueva: por el camino que iba -tantas de las cruces viera. Atrevíme y preguntéle -qué cruces eran aquellas, y me respondió diciendo -que de hombres que muerto hubiera. Esto me responde, y dice -como entremedio risueña: '-Y así haré de ti, cuitado, -cuando mi voluntad sea.' Dióme yesca y pedernal -para que lumbre encendiera, y mientras que la encendía -aliña una grande cena. De perdices y conejos -su pretina saca llena, y después de haber cenado -me dice: 'Cierra la puerta.' Hago como que la cierro -y la dejé entreabierta: desnudóse y desnudéme - y me hace acostar con ella. Cansada de sus deleites -muy bien dormida se queda, sintiéndome dormida -sálgome la puerta afuera. Los zapatos en la mano -llevo porque no me sienta, y,poco a poco me salgo -ya camino a la ligera. Más de una legua había andado -sin revolver la cabeza, y cuando mal me pensé -yo la cabeza volviera. Y en esto la vi venir, -bramando como una fiera, saltando de canto en canto, -brincando de peña en peña. 'Aguarda (me dice), aguarda, -espera, mancebo, espera, me llevarás una carta -escrita para mi tierra. Toma, llévala a mi padre, -dirásle que quedo buena.' 'Enviadla vos con otro, -o sed vos la mensajera'."



Lope se encontraba en Alba de Tormes a finales del siglo XVI.  Desde allí realizó algunos viajes a Extremadura. Estas correrías inspirarán algunas de sus obras: Los Chaves de Villalba, La Serrana de la Vera y Las Batuecas del Duque de Alba.



Tanto Lope como Veléz han insistido en la enorme fuerza de la Serrana. En una cancioncilla de origen popular, que inserta el primero de los dramaturgos, apreciamos la fortaleza de esa mujer al compararla con la de un hombre al que vence en buena lid:



"Luchando a brazo partido,

rendime a su fuerza extraña,

junto al pie de la cabaña".



[Img #10592]Esta mujer poseía una serie de atributos por los que es famosa en toda la Vera. Ningún hombre se atreve a competir con ella en los deportes rurales: caza, carreras de caballos, salto, lucha, lanzamiento de barras, etc. Ella presume de su hombría, como puede apreciarse en algunos fragmentos de la obra. Tal es el diálogo que mantiene con el capitán, al que dice:



"Si imagináys

que lo soy (mujer),

os engañáys,

que soy muy onbre

Erró la Naturaleza, en no hacerme varón.

Mujer soy solo en la saya”



También en el momento en que, al tomar la espada, exclama convencida:


"y guárdense de mí todos
quantos onbres tiene el suelo
si a mi enemigo no alcanzo,
que hasta matarlo no pienso
dexar honbre con la vida;
y hago al zielo juramento
de no bolber a poblado,
de no peinarme el cabello,
de no dormir desarmada,
de comer siempre en el suelo
sin manteles, y de andar
siempre al agua, al sol y al viento,
sin que me acobarde el día
y sin que me venza el sueño,
y de no alzar, finalmente
,
los ojos a ver el cielo
hasta morir o vengarme
".




[Img #10593]Las primeras descripciones de una serrana en lengua romance son las Cantigas de Serrana, del Arcipreste de Hita:

 

1. Vive en la montaña, y por sus pasos y vericuetos, que conoce perfectamente, guían a los viajeros, pero sólo cuando les apetece.

 

2. Dotada de prodigiosa fuerza, contrastando su fuerza con la de un hombre normal, que al lado de ella parece un niño.

 

3. Se presenta armadas de bastón o garrota.

 

4. Interesadas y lúbrica, obligando a pagar sus servicios al viajero, sea del modo que sea.


Sin grandes esfuerzos hallamos unas claras connotaciones en las serranas del Arcipreste y la Serrana de la Vera, así como entre estas dos y la Silvática de la literatura popular del Medievo europeo:



La Serrana de la Vera vive en el monte, en las proximidades de Garganta la Olla. La tradición señala su morada en una cueva sita en la Sierra de Tormantos:



"Allá arriba en aquel alto -en aquellas altas sierras, se pasea una serrana, -una serranita fiera"



La sierra no tiene secreto alguno para ella, y por los caminos intrincados, que conoce al dedillo, lleva a los caminantes perdidos hasta su morada.



[Img #10591]En el destino final de esta apasionante mujer, encontramos divergencias. Según el libro: La Serrana y el emperador. Carlos V, el escritor José V. Serracilla Muñoz, nos dice que mientras unos nos aseguran que, tras ser perseguida de cueva en cueva -como alimaña- fue ajusticiada por sus crímenes en la plaza Mayor de Plasencia, otros afirman que su historia llegó a los oídos de Carlos V, que ya pasaba sus últimos días en el Monasterio de Yuste, y éste la indultó tras establecer que la bella no era en realidad consciente de sus crímenes.


 

 

 

https://youtu.be/bEWIbkyRAZQ

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1 Comentario
Fecha: Miércoles, 11 de abril de 2018 a las 21:32
Susana
¡Precioso artículo!
Aquí os dejo el enlace a una versión del romance interpretada por el gran Joaquín Díaz:
**** s: **** funjdiaz.net/a_canciones2.php?id=249

Iker Jiménez dedicó uno de sus programas de radio a este hermoso mito de la cultura popular extremeña:

**** s: **** www.radioset.es/universoiker/a-la-carta/universo-iker-jimenez-chica-salvaje-serrana-vera_2_2537880103.html

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