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Ernesto Ladrón de Guevara
Viernes, 13 de abril de 2018

Germanización de Europa

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"Es probable que Francia y Alemania estén dispuestas a hacer lo posible para que Cataluña sea una nación independiente dentro de la UE" (Año 2006, Gustavo Bueno)

Como Joaquín Costa, el regenerador del 98, opino que España tiene la solución a la descomposición que se inició en la Guerra de Independencia contra los franceses si forma parte de un proceso de construcción europea creíble y posible. Así no.

 

           

La Europa pangermánica está tras la descomposición de España, que lleva unas décadas en caída libre desde lo alto de los acantilados de la imperofobia del mundo luterano contra el católico representado en las glorias del siglo XVI de los Austrias.  Seguimos en la senda de unos prejuicios seculares de los países del centro de Europa respecto a España, a la que consideran un país más próximo a África que a la cultura occidental. Pero es que yo pienso que estamos haciendo algún mérito para que se nos vea así. Y estamos recibiendo un trato que está en consonancia con la imagen internacional que damos con el vodevil catalán, anteriormente con el euskérico y, de trasfondo, el raca-raca de la corrupción, que no cesa. Y no puede parar porque esa corrupción es consustancial al propio sistema. El sistema es corrupto y los epitomes que aparecen, como el del máster de Cifuentes, solo son la erupción que produce un cuerpo enfermo. La enfermedad se llama partitocracia, que es la que infesta el sistema.

 

           

Lo acontecido con la famosa resolución del juez alemán no es más que otra manifestación del mismo problema. No somos, como país, una expresión creíble de modernidad, de estabilidad, de compromiso con la construcción europea, ni de Estado que se precie de serlo como maquinaria de protección de derechos y libertades. Porque para serlo el Estado debe tener instrumentos que los garanticen más allá del sistema judicial, o más bien de unos jueces comprometidos con su función esencial para la pervivencia del Estado de derecho, como es el juez Llarena.

 

           

Por ejemplo, el Gobierno, en la crisis de Cataluña es un ejemplo de falta de determinación, de compendio de complejos y de miedos por una situación de debilidad y de contingencia. Pero no es una cuestión circunstancial, de ahora; viene de atrás, de cuando Rajoy tenía mayoría absoluta, incapaz de ejercer un liderazgo, porque no es líder, simplemente se limita a detentar el poder administrativo, no el político, abandonando a sus electores.

 

           

¿Cuándo ha hecho Rajoy el más mínimo gesto de ejercer algo consustancial con la política, que es la pedagogía, la ejemplaridad, la acción de comunicación y representación en las instancias internacionales de lo que es España, de sus valores, de su forma institucional de gobierno y de las libertades y derechos que los ciudadanos tienen en virtud de la Constitución? Si lo hubiera hecho, si hubiera ejercido su papel de interlocutor entre los ciudadanos españoles de bien, que cumplimos nuestras obligaciones, y el resto del concierto de naciones, el problema catalán estaría encauzado y tendríamos el respaldo y amparo del conjunto de Europa. Pero no es así, y nos tratan de la misma manera que aparentamos, es decir como al tonto del pueblo o al mísero que solicita una limosna en una esquina de cualquier ciudad. Según sea la imagen pública que damos se nos trata. Y no tenemos la imagen internacional que los sufridos ciudadanos de este país merecen. Porque no hacemos nada para lograr una buena imagen. Tenemos al enemigo dentro.

 

           

Pero hay más razones de fondo, difíciles de desentrañar porque forman parte de la parte oculta de las cosas. Nada sucede por casualidad.

 

 

La ideología mundialista de la Orden de los Iluminados lleva, hace tiempo, practicando el “divide y vencerás”, que es parte sustancial del fomento de los nacionalismos locales  y de aniquilación de los tradicionales Estados-Nación, que conlleva la provocación de tensiones desestabilizadoras, tanto dentro de esos Estados como entre ellos. 

 

 

La teoría geopolítica de McKinder, asumida por  Hausshofer para Hitler y Semianov para Stalin predicaba que Alemania era el centro de gravitación geopolítica del mundo y esencial para su dominio. Fue la causa de que en Yalta  se lo repartieran los americanos  y los soviéticos, cuyos excesos totalitarios, superiores a los hitlerianos, se silenciaron al convertirse en aliado triunfador.

 

 

Hoy Europa sigue siendo víctima de la voracidad de empresas multinacionales que tienen más poder fáctico que los propios Estados. Y solamente aquellas naciones suficientemente fuertes como Alemania y Francia, y, por supuesto el Reino Unido, son capaces de resistir los embates desestabilizadores provocados para repartirse los despojos una vez despedazados aquellos Estados en decadencia, como es España. Más aún si estos Estados están gobernados por gentes sin  prestigio ni capacidad para ejercer con generosidad y liderazgo su función.

 

 

Sucedió en los  Balcanes y en las repúblicas periféricas de la desaparecida Unión Soviética. Los USA y su provincia europea, hoy la bamboleante Unión Europea, han estado y siguen detrás del descuartizamiento balcánico y de las atrocidades que lo han jalonado.  No nos olvidemos que nos puede ocurrir lo mismo. Si al IV Reich alemán le interesa satelizar los países del Mediterráneo lo hará, sin necesidad de que aparezca un nuevo Hitler ni que los Panzer transiten por las arterias de los países colonizados. Porque la Unión Europea se construyó, no lo olvidemos, para articular una supuesta unidad, que no lo es porque Alemania constituye el eje alrededor del cual giran todos los demás países; y ni tan siquiera Francia tiene el peso que se le supone en la adopción de decisiones reales en las políticas que actualmente rigen nuestro destino. Y una España dividida, fragmentada, es clave en esa dirección y con ese propósito. Nada sucede por casualidad.

 

 

¿Es el conglomerado Mas-Puigdemont, Ortúzar-Urkullu, y demás periostio, junto a Rajoy-Sánchez-Ribera, parte constitutiva de esa estrategia?

 

 

No lo sé, pero nada sucede por casualidad.

 

 

En una entrevista en la revista “Chispas” de Unificación Comunista de España, (2006), al filósofo Gustavo Bueno, recientemente fallecido, http://www.fgbueno.es/hem/2006achi.htm  preveía lo que se está cumpliendo. Decía lo siguiente: «Es probable que Francia y Alemania estén dispuestas a hacer lo posible para que Cataluña sea una nación independiente dentro de la UE»  Y afirmaba que «En cuanto a los ataques externos, yo creo que el principal es el islam. Según los últimos estudios se calcula que más de un tercio de los musulmanes, es decir alrededor de 400 millones de personas, son partidarios o simpatizantes, a distintos niveles, de la «yihadd». Lo cual es algo serio, porque ya no se trata de unas minorías ungidas, cultas y elitistas sino de una masa importante de gente que contribuye principalmente a través de las limosnas recogidas en las mezquitas y a través de las cuales se sufraga las actividades de la «yihadd» en todo el mundo. Y luego está Europa. Con respecto a la cual pienso, aunque no creo en ninguna teoría conspiratoria, pero sí me parece muy probable que las posiciones de Francia y Alemania estén dispuestas a hacer lo posible para que Cataluña sea una región o una nación independiente dentro de la Unión Europea, por ejemplo. En ese sentido ahora hay unos ataques más o menos velados en el sentido de favorecer excesivamente a Cataluña –y al País Vasco más seguramente–. Lo que se ve claramente por ejemplo en Frankfurt, las cátedras de catalán que hay allí, toda la creación en Alemania de grupos culturales que van en esta dirección y que por ahí se empieza»

 

 

Poco me queda a mí por añadir. El sabio Gustavo Bueno dio en el clavo. La realidad ha dejado al descubierto su predicción. Si hoy viviera lamentaría haber tenido razón en su pronóstico.

 

 

Pero es más. A. Lozano, el entrevistador, añadía el siguiente comentario: « […] por ejemplo, en el Parlamento europeo existe un grupo que se llama Alianza Libre Europea, capitaneado por Los Verdes alemanes y en el que participan los eurodiputados del PNV, ERC, BNG, &c., y con el que trabajan todos los grupos europeos en defensa de las lenguas minoritarias, de las minorías étnicas, de las «naciones sin Estado»,... y cuya financiación principal procede directamente del Ministerio del Interior alemán. Y esto no son teorías conspiratorias, sino hechos palpables y demostrados,...»   Porque, lo que no se dice es que la burguesía alemana siempre ha acariciado la Europa de los Pueblos, que tan reincidentemente ha propuesto el PNV, y que es la manera más efectiva de colonizar y germanizar a la actual Europa occidental para crear los estados pangermánicos y distribuir el poder económico a conveniencia.

 

 

Gustavo Bueno lo describía con precisión milimétrica en el ejemplo que ponía en el contexto de la entrevista: « […]Y entiendo que el proceso de la Unión política europea lo facilita más que otra cosa. Y lo que ha ocurrido en la última Cumbre, con la que nos va a caer encima ya se ve que es así. Ahora nos van a machacar completamente con los famosos fondos estructurales y de cohesión y a ver que va a pasar aquí. Por ejemplo, en Asturias está la gente alarmadísima. Porque aquí ya con Maastrich la partieron por la mitad, con el carbón, la siderurgia, la leche,... y es una sociedad que prácticamente vive de las jubilaciones. Sólo en la minería hemos pasado de 40.000 a 3.000 mineros. Y el resto viviendo con 40 años o menos de las prejubilaciones, ellos y sus hijos. Jubilaciones que mueven un flujo de dinero muy considerable que por el momento permiten disimular la realidad. Pero ya veremos qué ocurre cuando todo esto empiece a acabarse o a recortarse»

 

 

Y es que, como Gustavo Bueno, yo creo que el problema de España no es tanto la unidad de España sino la identidad española, porque los gobernantes sucesivos en su sumiso seguidismo al poder central europeo, han diluido la identidad cultural española, entre la que está la lengua, y con ello han socavado la argamasa que ligaba la unidad del conjunto de los españoles, hasta el punto de que hoy no sabemos lo que somos. Somos pasto fácil para las estrategias que nos llevarán a una nueva forma de esclavitud.

 

 

Y lo malo de todo esto es que esa conciencia de que existe un peligro real para nuestros hijos y nietos se ha disipado. Somos borregos en un rebaño  al que llevan al matadero.

 

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