Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
►w_adblock_title◄

►w_adblock_intro◄

►w_adblock_explain◄

►w_adblock_closed_btn◄

Manuel Parra Celaya
Domingo, 15 de abril de 2018
Opinión de Manuel Parra Celaya para La Tribuna de Cartagena

Estrategias imprescindibles

Guardar en Mis Noticias.

               

[Img #10654]Para todo buen estratega, es perentorio conocer el terreno sobre el que se debe actuar; pero, aun más imprescindible es conocer a los pueblos, propios y ajenos, y a los oponentes y adversarios: su psicología, sus hábitos, su modo de pensar… Muchas veces, las grandes derrotas de la historia han sido debidas al descuido de estos aspectos.

               

Se ha repetido infinidad de veces que, desde más allá del Ebro, ha faltado una cabal comprensión de Cataluña; como muestra de estas opiniones, un tal José Antonio Primo de Rivera pronunció en el parlamento republicano español unas palabras que parecen haber sido expresadas a tenor de la situación actual: Dios nos libre, señores, de envenenar otro problema nacionalista, En Cataluña hay ya un separatismo rencoroso de muy difícil remedio, y creo que ha sido, en parte, culpable de ese separatismo el no haber sabido entender pronto lo que era Cataluña verdaderamente. Cataluña es un pueblo esencialmente sentimental, un pueblo que no entienden ni poco ni mucho los que le atribuyen codicias y miras prácticas en todas sus actitudes, Cataluña es un pueblo impregnado de un sedimento poético, no solo en sus manifestaciones típicamente artísticas, como son las canciones antiguas y como es la liturgia de las sardanas, sino aun en su vida burguesa más vulgar (…); a Cataluña no se la supo tratar, y teniendo en cuenta que es así, por eso se ha envenenado el problema, del cual solo espero una salida si una nueva poesía española sabe suscitar en el alma de Cataluña el interés por una empresa total, de la que desvió a Cataluña un movimiento, también poético, separatista. El discurso data, nada menos, que de febrero de 1934, a ocho meses vista del golpe de Estado de Companys contra la legitimidad de la 2ª República.

               

Algunos españoles de hoy -creyendo que responden a un patriotismo- siguen sin entender a Cataluña y, entre ellos, se cuentan todos y cada uno de los gobiernos que en la España democrática han sido. Si el separatismo tiene su origen en la especulación de la alta burguesía con la sentimentalidad de un pueblo, podríamos decir que los distintos partidos gobernantes, de derechas o de izquierdas, han especulado también con ese elemento sentimental, atribuyendo esas miras mercantiles, no a unos dirigentes secesionistas alucinados y fanáticos, sino a todo el pueblo catalán.

               

De este modo, la actitud política ha oscilado entre el otorgamiento constante de concesiones, a veces inauditas, a modo de soborno, y la permisividad más absoluta para que desde el palacio de la plaza de San Jaime se fueran tejiendo los hilos del entramado de la separación; el cambalache para conseguir los votos necesarios para asegurar los distintos gobiernos centrales ha sido permanente. Pero todo ello es suficientemente conocido y entendido…ahora.

               

Por otra parte, volviendo al axioma del primer párrafo, no se ve por ningún sitio que los estrategas del 155 hayan comprendido la psicología de los separatistas, supuestamente derrotados por el ejercicio del Poder Judicial, que no del Ejecutivo.

               

El sector de la población catalana que apoya el procés -y que es urgente diferenciar del resto de la población, como se ha demostrado- vive, en principio, con una sensación de sorpresa; acostumbrado a la impunidad más absoluta, no atinan a comprender que los jueces apliquen las leyes sobre ellos, incluidas las previstas para acciones de terrorismo, aunque lo califiquen de baja intensidad. La costumbre de sentirse intocables ha creado una rutina, que coadyuva a acrecentar el típico victimismo, casi un sentimiento paranoide de sentirse perseguidos injustamente; lo malo es que pueden convencer a otros de su percepción y aumentar su clientela, ya que siguen disponiendo de los instrumentos básicos de la Enseñanza y de la difusión a través de sus medios televisivos, periodísticos y radiofónicos.

               

Lo primero y principal es demostrar al sector del pueblo catalán que no se siente separatista de que no se trata de un nuevo agravio a Cataluña -sonsonete y tópico a lo largo de toda la historia del secesionismo-, y para ello hace falta una buena pedagogía, que debe estar contenido en esa nueva poesía que suscite el interés por una empresa común de la cita parlamentaria.

               

Lo segundo, claro está, privar a los separatistas de sus instrumentos de apoyo, propaganda y penetración social, lo que requiere inteligencia y coraje.

               

En paralelo, otro reto de los estrategas consistiría en entender cómo nos sentimos quienes nunca hemos comulgado con el separatismo, porque puede ser que la sensación de desamparo y la percepción de que seguiremos eternamente viviendo esta pesadilla nos pueda llevar -aseguro que este no va a ser mi caso-, no a un relativismo, sino a un aburrido escepticismo, que no solo va a ponerse de manifiesto a la hora de depositar una papeleta en la urna de turno.

               

De momento, me acabo de enterar de que, frente a mi domicilio, cierra un comercio de toda la vida, y la razón es el hastío que produce este mal sueño reiterativo y la prevención ante posibles puniciones -económicas, morales o físicas- por parte de los resentidos separatistas. Si se quiere, es una anécdota insignificante, pero sintomática y capaz de ser elevada a categoría.

Acceda para comentar como usuario Acceda para comentar como usuario
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Fecha: Domingo, 15 de abril de 2018 a las 18:41
Pedro de Mendaña
Lo que menos tienen los separatistas actuales es espíritu romántico. De tener algo, lo más parecido sería al romanticismo bandolero decimonónico.
¿Qué diferencia hay entre Jordi Pujol y Luis Candelas? Sirva la comparanza, como dicen en mi aldea, para toda la caterva separatista catalana.

La Tribuna de Cartagena • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress