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Sergio Pérez-Campos
Martes, 17 de abril de 2018

Jurados aguerridos y garantistas

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La condena de un anciano en Canarias por haber matado a uno de los dos violentos delincuentes que asaltaron su casa, y que infligieron graves daños a su mujer, ha puesto de manifiesto una característica sorprendente de esa institución tan polémica como es el jurado popular: el valor, el arrojo, la intrepidez, la bravura rayando en la temeridad. Me han conmovido. Cuando yo pensaba que todo eso había desaparecido en nuestra maltrecha España, estos ciudadanos ejemplares han puesto de manifiesto, si nos atenemos a su dictamen, que estaba equivocado.

 

Y es que en su veredicto, justifican la condena a Jacinto –que así se llama el peligrosísimo encausado- porque, según ellos, podría haber sido más compasivo con sus atacantes, apelando a ese principio tan estimado por los juristas progres de la “proporcionalidad”, cosa que suele ser un tanto complicada de aplicar cuando están moliendo a palos a tu mujer, o cuando piensas, aterrorizado, que te van a matar.

Por eso imagino a estos audaces jurados en la misma situación que Jacinto. Y sí, sin duda hubieran actuado de otro modo. Como si de experimentados agentes de inteligencia norteamericanos o británicos, o incluso como curtidos practicantes de krav maga adiestrados por el mismísimo Mossad, hubieran esperado unas décimas de segundo de relajación de sus asaltantes para, de forma limpia e incruenta, reducirlos en un pis pas, sin apenas ruido, sin siquiera la rotura de un jarrón, inmovilizándolos de forma indolora, incolora e insípida, asegurándolos con unas bridas caseras con la fuerza justa para no provocar erosiones en la exquisita piel de los delincuentes. Nada más tenerlos bien inmovilizados, nuestros heroicos jurados, sin perder la calma, procederían a calmar a esa mujer, un tanto histérica e histriónica, pues la rotura de una mano no es para tanto, que hay que ver qué blandita se ha vuelto la gente, caramba.

 

Hecho esto, una llamada al SAMUR, y otra a la policía. Con frialdad y eficacia de SWAT con diez trienios, darían una detallada información previa a la policía, que ya sólo afrontaría el trámite de trasladar a los impecablemente detenidos a dependencias policiales, de modo que quedaría completada una actuación intachable, presidida por la mesura, la eficiencia, el constitucionalismo, la corrección política, el garantismo, la salvaguarda de los derechos humanos, el control de calidad de los animalistas, y  ausencia de prejucios xenófobos, en caso de tratarse de asaltantes extranjeros, expedida por la ONG correspondiente.

 

Es conmovedor. Después de esto, ya no volveré a decir que la justicia española es una puñetera mierda. Tengo la boca demasiado sucia, y soy demasiado quisquilloso.

 

Con jurados así, me siento mucho más seguro. Creo que aún hay personas capaces de no responder a la violencia con violencia; capaces de no perder la racionalidad ni en los momentos de mayor tensión; capaces de regirse por una escrupulosidad conmovedoramente constitucional en momentos en que la mayoría nos dejaríamos llevar por esa mala consejera que es la sangre caliente.

 

Gracias, querido jurado. Gracias a vosotros muchos españoles estamos ya más tranquilos, sabiendo que sobre los canallas que se tomen la justicia por su mano caerá todo el peso de la ley.

Me temo que como no soy tan aguerrido y valiente como ustedes, si el miedo no me bloquea, le partiré la cabeza al que le haga daño a alguno de mis seres queridos.

Y aceptaré mi condena, porque procederá de personas que, como ustedes, viven instalados en una maravillosa superioridad moral.

 

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