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Pedro Conde
Martes, 5 de septiembre de 2017

Por la libertad y para la libertad

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“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el al mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida…”.

    

No es mal maestro y guía, nuestro Miguel de Cervantes Saavedra, soldado heroico en Lepanto, que sufrió abordajes piratas, prisión en tierras de infieles y de fieles, para mostrarnos el camino de ese don entre los más apreciados que los hombres recibieron de las alturas: el don de la Libertad.

    

Al nacer, todo medio de comunicación legítimo debería lanzar como primer vagido, desde el útero intelectual que lo alumbra, esta voz: ¡libertad!

    

Hoy más que nunca, aunque siempre tuvo formidables sayones contra ella, la defensa de la libertad, de la libre expresión del ser humano que busca por encima de todo, la verdad como guía de su conducta e hito liberador de la sociedad, es una exigente tarea para la que no caben dudas ni tibiezas. También aquí cabe aquello que dijo Cristo: “A los tibios lo arrojaré de mi boca”.

    

Las naciones no pueden convertirse ni acabar en inmensas majadas de ganado lanar pastoreadas por oligarcas y sus acólitos cuyos refugios no son humildes cuevas de gañanes sino tremendas fortalezas guardadoras de fortunas espurias y afanadas; con un poder que se extiende a todos los estamentos, estratos y mecanismos de funcionamiento de las sociedades. Para ellos, los medios de comunicación son una de las presas más codiciadas a fin de imponer su uniforme pensamiento dictador e inquisitorial; sin otro objetivo que poner a buen recaudo sus exclusivos  intereses económicos, sus egoístas y excluyentes deseos…, llegando a neutralizar o diluir sibilinamente derechos básicos del ciudadano, como son esa libertad de expresión y crítica, comprando, bastardeando o volviendo asépticos los canales de manifestación como son los medios audiovisuales y la prensa.

    

Ha de ser para nosotros un imperativo tremolar la bandera de la libertad frente a esas catervas de plumas de acato y sueldo, domeñadas, compradas más que pagadas, por esas oligarquías del dinero, cultivadoras del pensamiento uniforme y uniformado. Hay que hacerles frente aunque sea como partida de guerrilleros. Honrosa comparación para nosotros como herencia de aquellas partidas, de las que se dice que los españoles fuimos inventores en otros momentos graves para la subsistencia de España como fue la Guerra de la Independencia frente a aquel temible corso y genio militar, Napoleón Bonaparte. Por desgracia, ahora como entonces, el Gobierno, los Gobiernos de muchas naciones han dejado de ser independientes para servir como lacayos a los intereses de anónimos y casi mistéricos plutócratas. Desde aquel fatídico y criminal 11 de Marzo de 2004, a nuestra nación se le ha hecho perder el rumbo sin que los sucesivos gobiernos posteriores hayan sabido o querido, tómese esto último como un gran interrogante, enderezar su rota. ¿Suspicacias conspiranoicas? Hay demasiadas pruebas que avalan las sospechas. Y, entre ellas, la actitud de la prensa en general respecto al silencio sepulcral, si no connivente, con que se ha tapado o huido de lo mucho que se podría hablar y escribir en busca de los verdaderos responsables de hecho tan canalla.

    

Mas, al enarbolar la universal bandera de la libertad como guerrilleros de España, no PODEMOS, por ella precisamente, alinearnos ni aliarnos con aquéllos que dicen combatir también a las oligarquías, porque sería enrolarnos en el tropel sectario de la extrema izquierda a sueldo también de poderes supranacionales que, por sectarismo, odio, venganza, ceguera y villanía, pretenden destruir nuestra Patria, la vieja nación española.

    

Ondeemos esa bandera de la libertad, convocando a todos los que, incluso con ideas políticas distintas, no han renunciado ni renuncian a su idiosincrasia española.

    

Denunciemos y aventemos, ¡ya!, esa especie de entelequias como la multiculturalidad y la globalidad. Segamos la vía espaciosa de la universalidad por el que todas las naciones marchen aportando lo mejor de su cultura y su historia, como acervo común de la Humanidad, que es diversa en su composición racial y única en dignidad. Enfrentémonos a fanáticos y sectarios que pretenden hacerla igualitaria conforme a sus irracionales cánones religiosos y políticos. Que la razón y la libertad formen pareja indestructible en la búsqueda de la Verdad. Este podría ser el lema: “POR UNA SOCIEDAD DE HOMBRES LIBRES E IGUALES”. Iguales si no en cualidades, valores y aportes, sí en el principio básico y total de la dignidad humana.

    

Esa libertad se define por el disenso en las opiniones, por la crítica en la disparidad de ideas, por el debate en ellas… Pero todo ello con la elegancia en el estilo y limpieza y nobleza intelectuales, con que todos y cada uno debemos buscar y exponer esa nuestra verdad; que siempre será parcial, entendido este vocablo como una parte de la verdad absoluta. No somos divinos; somos seres perecederos, transitorios  y finitos y de estos calificativos está afectada nuestra personal verdad.

    

Yo estoy seguro que en este medio de expresión y comunicación, LA TRIBUNA DE CARTAGENA, quienes vamos a escribir, a reflejar nuestros pensamientos, opiniones y deseos, incluso nuestro temperamentos y caracteres, distintos, tenemos claro como la luz del día esas limitaciones propias de la naturaleza humana, esa evidencia de una estancia física más efímera y corta en la Tierra que la ensoñación de nuestro pensamiento y proyecto de vida.

    

Seguro que más de una vez nuestras opiniones no serán concordantes; pero estoy también seguro que disentiremos  con la racionalidad y la bizarría intelectual de quienes comparten empeños y esfuerzo por encontrar la frágil, y a veces esquiva, verdad de los humanos; además de compartir el proyecto común de nuestra Patria, España-

    

Deseamos y deseemos buen periplo a esta nave recién botada, septiembre de 2017, que sale de puerto en otro intento, más modesto, de circundar la Tierra, como el primero que hicieron en la historia del hombre, aquel portugués, Fernando de Magallanes, al servicio de la Corona de España, y el vasco español Juan Sebastián Elcano. Años de 1519-1522.

    

Al mando y timón de la esta nave, Josele Sánchez, un aguerrido almogávar ahora en funciones de marino. Todo un lobo de mar.

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2 Comentarios
Fecha: Miércoles, 13 de septiembre de 2017 a las 11:43
Antonio Ortega Martínez
Olé! Así se habla Don Pedro
Fecha: Martes, 5 de septiembre de 2017 a las 13:02
Jorge Buil
Gran artículo Pedro, os deseo de todo corazón lo mejor, con personas como tú y el gran Josele, la libertad y valentía están aseguradas.
Desde Salamanca un fuerte abrazo.

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