Lunes, 24 Septiembre 2018


Engañar a la opinión pública: nueva andanada de histeria antirrusa en Gran Bretaña

La primera ministra Theresa May hizo recientemente una declaración acusando a Rusia de estar
Imagen informativo TeleSur
La primera ministra Theresa May hizo recientemente una declaración acusando a Rusia de estar detrás del caso de envenenamiento de los Skripal. Se dirigió al parlamento justo después de que los fiscales acusaron a dos rusos, supuestamente miembros de la inteligencia militar, de perpetrar el intento de asesinato. Estos serían los primeros cargos criminales que han ayudado a menoscabar, aún más si cabe, las ya de por sí deterioradas relaciones entre Occidente y Rusia. El gobierno británico ha emitido órdenes…

 

Según la primer ministro, Gran Bretaña y sus amigos deben intensificar los esfuerzos colectivos contra Rusia. Según May, el GRU o servicio inteligencia militar ruso está empleando “toda gama de herramientas contra nuestro aparato de seguridad nacional”. Antes de pronunciar el discurso, obviamente hostil, la primer ministro británica habló del asunto con el presidente estadounidense, Donald Trump, así como con otros líderes mundiales amigos. Se espera, además, que la señora May plantee la cuestión en la Asamblea General de la ONU a finales de este mes de septiembre. Londres pedirá a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW) que investigue el caso e impondrá, con toda seguridad, sus propias sanciones e instará a otros a unirse a su ofensiva. Como de costumbre, las “filtraciones” de los aparatos mediáticos occidentales se encargarán de echar más gasolina al fuego. Las fuerzas antirrusas en Occidente obtendrán, así, nuevos bríos.

Ben Wallace, ministro de Estado para la Seguridad, señaló directamente al líder ruso Vladimir Putin, algo que, dicho sea de paso, May evitó hacer. Para Wallace, Putin es el responsable último del ataque con agente nervioso.

Las fotos de dos hombres que visitaron el Reino Unido no constituyen evidencia alguna para respaldar las acusaciones británicas. “Hemos escuchado o visto a dos personas, estos hombres no significan nada para mí personalmente”, dijo a los periodistas el asesor del Kremlin Yuri Ushakov, en Moscú. “No entiendo por qué se hizo todo esto y qué tipo de señal están queriendo enviarnos los británicos”. Se levanta el telón y el gobierno británico necesita tanto ruido y publicidad como sea posible. Levanta la voz y gimotea en un intento evidente de deteriorar aún más las relaciones de Rusia con Occidente. Y lo hace a propósito. ¿Por qué ahora? Porque este es el momento adecuado para continuar lo que podríamos llamar “agenda oculta” de Londres.

El embajador de Estados Unidos en Gran Bretaña, Woody Johnson, subió a su cuenta en twitter que “Estados Unidos y el Reino Unido se mantienen firmes al responsabilizar a Rusia por su acto de agresión en territorio del Reino Unido”. Eso es lo que se llama rapidez. Johnson no perdió tiempo ni para esperar instrucciones, por la sencilla razón de que todo había sido cocinado con anterioridad.

Al ponerse a la cabeza de la manifestación occidentalista contra Rusia, Londres aumenta su peso político antes de que el Brexit se consume. Con la unidad en peligro, Occidente necesita excusas para la solidaridad y el espectro antirruso es de gran utilidad.

La segunda ronda de sanciones impuestas por Estados Unidos para castigar a Rusia por el presunto, aunque nunca probado, uso de agentes neurotóxicos, empezará a hacer mella en noviembre, justo el mes en que se celebrarán elecciones parciales en el país de las barras y las estrellas.

Las sanciones por el “asunto Skripal” no han sido puestas sobre la mesa por el Congreso norteamericano sino por el Departamento de Estado. Depende, pues, del presidente imponerlas o no en última instancia. Si el partido del presidente Trump mantiene la mayoría en ambas cámaras, la presión para demostrar la dureza yanqui contra Rusia disminuirá. La revitalización de la campaña contra los rusos sería mucho más difícil de abordarse.

Es cierto que la Unión Europea no está interesada en aumentar las tensiones con Rusia en su enfrentamiento con Estados Unidos. Y, por otro lado, los euroescépticos, que no ven con malos ojos a Moscú, podrían experimentar en mayo de 2019 grandes avances electorales en las “elecciones europeas. Podrían acumular los suficientes escaños como para obstaculizar el funcionamiento de la Unión Europea. ¿Incluso la supervivencia misma del bloque? No pocas formaciones políticas de corte euroescéptico quieren que las relaciones con Rusia se normalicen y se levanten todo tipo de sanciones contra Moscú. Ya sea a través del “caso Skripal” o a través de cualquier otro sabotaje ulterior, May necesita una campaña antirrusa. Servirá para perfilar a los euroescépticos como “tontos útiles” o “traidores”, agentes de los malvados planes de Rusia para destruir Occidente.

Los últimos acontecimientos en Siria están siendo distorsionados con el objetivo último de denigrar a Rusia. Se trata de difundir historias sobre rusos que utilizan armas químicas en suelo europeo, tratando de frenar así a los votantes que quieren cambiar el panorama político europeo.

En realidad, no hay nada nuevo en lo que declaró la primer ministro británica. De hecho, no es importante. Es el momento lo que sí importa. Y ahora es el momento adecuado para que la histeria antirrusa reciba un nuevo balón de oxígeno. ¿Funcionarán todas estas maniobras? Las elecciones parciales de noviembre próximo en los Estados Unidos y las elecciones europeas de mayo del año que viene nos lo dirán. Cuanto más cerca estemos de las urnas, más episodios inventados sobre las nefastas actividades de Rusia se convertirán en centro de atención.

Comenta esta noticia




La Tribuna de Cartagena

Director: Daniel Negroles.