Miércoles, 21 Noviembre 2018
¿Por qué la izquierda está a favor de romper España?


¿Por qué la izquierda está a favor de romper España?

La llamada izquierda siempre ha tenido dos almas o formas de ser y existir.

En la República Besteiro abogaba por defender el sistema democrático como principio, por lo cual había que preservar el Estado de Derecho republicano antes que el logro de la dictadura del proletariado. En este ámbito del pensamiento se encontraban otros krausistas como Fernando de los Ríos, que cuando se entrevistó con Stalin le comentó su ideal de libertad y el dictador soviético, asesino de millones de personas fundamentalmente comunistas, pero disidentes, le contestó… ¿Libertad para qué? 

La otra alma de la izquierda, la mayoritaria, apostaba por la revolución para alcanzar por la fuerza la dictadura del proletariado. El representante más destacado de esta postura fue Largo Caballero, que abogaba por terminar con el régimen democrático republicano, mediante la inducción de una guerra que llevara al estado totalitario de corte estalinista, siguiendo las directrices del líder soviético. La guerra la consiguió, aunque la perdiera. 

La víctima de Stalin, Leon Trostky, no era tampoco un santo varón, ejemplo de lucha por las libertades y la democracia, pues postulaba la revolución permanente hasta alcanzar formas progresivamente más perfeccionadas de dictadura del proletariado, aunque de abajo a arriba en lugar del modelo estalinista que era característicamente oligárquico. 

Llamar a estas formas de establecimiento de una sociedad sin clases democracia es un puro sarcasmo. La prueba es que todas las expresiones de regímenes cuyo modelo ha sido el soviético han producido juntas más de 100 millones de muertos, tres veces más que todas las formas de fascismo. Y esto no es una exageración sino una evidencia histórica comprobable y demostrada.

Pasando a los momentos presentes la izquierda llamada democrática ha pasado de ser un motor del cambio hacia la democracia parlamentaria y el Estado constitucional a subvertir el orden democrático, romper la unidad de España, hundir la economía, masacrar a las clases medias, pervertir el objeto y el sentido de la educación llevándola a fórmulas de adoctrinamiento, acompañando servilmente a los separatistas, y participar de la mejor expresión de modificación cognitiva de las masas que haya habido desde que Orwell escribiera su famosa obra “1984”. 

Yo soy un arrepentido del socialismo. Recuerdo llamar al máximo órgano de dirección del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra-PSOE “Comité Nacional”, dando así oxígeno a los secesionistas, al igual que el partido  hermano catalán PSC.  Resulta aberrante que el Partido en el que yo milité se autodenomine “de Euskadi” cuando ese término fue un invento de Sabino Arana, sin ninguna raíz ni raigambre histórica. La llamada Euskadi se debería denominar las Vascongadas, pues sus territorios fueron vasconizados;  pero la admiración que en aquellos años 80, primeros del régimen constitucional, por el movimiento proetarra, de vocación revolucionaria de carácter marxista-nacionalista, y las tendencias autodeterministas de los principales apóstoles izquierdistas de la transición, llevaron a la izquierda a imitar a los nacionalistas, a los que consideraron aliados a pesar de las traiciones de éstos en los momentos claves de la Guerra Civil. Conviene recordar que éstos posibilitaron la marcha sin dificultades de las tropas franquistas por el frente del Norte, sin apenas destrucción ni bajas, en una rendición digna del más reputado traidor.

Pues así estamos en el momento presente, gracias a la nueva doctrina zapateril por la que  había que reinventar la izquierda con nuevos apósitos ideológicos que van desde la ideología de género, la España plurinacional (confederal aunque la llamen federal) y mucho, mucho “diálogo”, cuyo fin y destino último es la fragmentación de España, la desigualdad mayor conocida en toda la historia entre españoles por la descomposición territorial que abogan, el aborregamiento de las nuevas generaciones que se ven privadas del conocimiento de la historia común, la disipación de la cultura que ha dado cuerpo y personalidad histórica a España como nación, la ruptura de la familia como germen y fomento de la sociedad tal como la conocíamos, el estímulo de las migraciones islámicas que modifican nuestra forma de ser y destruyen las bases cristianas de nuestra civilización, y un adoctrinamiento sin parangón de nuestros escolares, cuyos derechos son masacrados al más crudo estilo de los regímenes bolivarianos. 

La etapa de Sánchez representa eso. Es difícil que pueda contrarrestarse esta transformación brutal de la sociedad española pues 40 años en los que la derecha española ha brillado por su ausencia en una pérdida de personalidad abrumadora ha dejado una situación  difícilmente reversible.

¿Y todo esto para qué? 

Para poner a la sociedad española en situación de ser fagocitada y manejada al gusto de los intereses de quienes quieren tener el control total y pleno dominio sobre las gentes, con unos ciudadanos (no todos afortunadamente) fácilmente manipulables, sin sentido crítico y capacidad de análisis. Porque la democracia es democracia cuando sus ciudadanos tienen su propio criterio sin dejarse guiar como masa amorfa por información teledirigida desde los sistemas de desinformación que elaboran con maestría los poderes ocultos del gran capital; cuya cara no tiene rostro pero sí tiene mucho poder.

Al respecto viene a cuento la lectura de este texto del libro “Los amos del mundo están al acecho” de Cristina Martín Jiménez:


El fin siempre es el mismo; el control.  Se afanaron en hallar las claves de desintegración o descomposición social para modificar las percepciones individuales que alteran las creencias o valores previos. Los científicos de Tavistock descubrieron que un individuo que pierde su raíz es más fácilmente sugestionable, por ello había que destruir el núcleo familiar y los principios religiosos, sexuales y de toda índole inculcados desde la niñez por la cultura tradicional.

La interacción de los mass media, las directrices de los métodos educativos, la creación de las distintas modalidades de ocio, la manipulación de la opinión pública y la inducción a la narco-contracultura juvenil juegan un papel primordial en el proceso de lavado de cerebro que facilita el control conductual. Creemos, por ejemplo, que nuestra opinión acerca de determinados asuntos está creada desde la libertad, pero para que fuera así, sería necesario poseer toda la información del hecho concreto que queremos juzgar. La prensa es propiedad de las multinacionales que operan en Bilderberg, por lo que es imposible contar con todos los datos, así que nuestra opinión estará siempre condicionada por versiones maniqueas incompletas dirigidas por el poder.”
 

Se puede decir más, pero no tan claro.

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